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Carta abierta a la Senadora Marjory LeBreton [-]












 CARTA ABIERTA A LA SENADORA MARJORY LEBRETON
  

Senadora, Marjory LeBreton

Líder del Partido Conservador en el Parlamento de Canadá

Ottawa

 

Distinguida Senadora,

 

Como se recordará, hace unos meses hablé con usted por teléfono, mientras investigaba el caso de Susana Hamilton-Reyes. Ella es de nacionalidad dominicana, quien no has visto a sus dos hijas desde que viajaron  a visitar a su padre en Canadá hace casi diez años. La  madre la culpa a usted por no ser capaz de ver a sus hijas o luchar por sus derechos como madre. Como usted sabe, Susana conoció a su esposo (Keith Hamilton, ex empleado suyo) en Puerto Plata, República Dominicana en 1997. Se conocieron mientras trabajaba como camarera en Costambar. Como usted también sabe, el Sr. Hamilton tenía un pequeño hotel allí. Tras casarse, tuvieron dos hijas gemelas, que nacieron en Puerto Plata en 1998.

 

Susana viajó a Canadá por primera vez con una visa de visitante, en mayo de 1997; su visa fue emitida por dos años. Sin embargo, después de pasar menos de diez semanas en Canadá, regresó a la República Dominicana voluntariamente. Un par de años después de que ella y el Sr. Hamilton se casaran, un hombre con el nombre de Douglas LeBreton, que resultó ser su marido, fue a visitar por una semana. Susana no sabía quién era el hombre hasta que sucedió algo. Esta madre lamenta haber conocido al Sr. LeBreton, diciendo: “Voy a pagar un precio por el resto de mi vida.” El señor LeBreton le dio una tarjeta suya. En la parte posterior de la tarjeta, su marido también anotó su número de teléfono en Ontario.

 

El día que el Sr. LeBreton llegó a Puerto Plata, le pidió al Sr. Hamilton que le llamara un taxi: “Voy a tomar una copa”, dijo. Su marido terminó en Amadito, un conocido bar de prostitutas en Puerto Plata, desde donde se llevó a una dama de compañía tras ofrecerle 3000 pesos por sus servicios: la equivalencia de aproximadamente $70. De acuerdo con la prostituta, el influyente turista se negó a pagarle después de haber pasado la noche con ella. “[Yo] estaba demasiado borracho, no hubo sexo entre nosotros”, supuestamente dijo el Sr. LeBreton. “Sí, tuvimos relaciones sexuales; además, no me importa si no hiciste nada. Todavía tienes que pagarme. Me quedé contigo toda la noche, este es mi trabajo”, le dijo la prostituta.

 

Varios empleados del hotel la escucharon discutiendo con el Sr. LeBreton. Susana hizo lo que pensaba que era correcto: le ofreció a la prostituta, a quien no conocía, la equivalencia de quince dólares y le pidió que abandonara el hotel. Ella se fue; sin embargo, de acuerdo con el agente de seguridad del hotel, volvió por la noche. Era como alrededor de las 9 p.m., cuando el guardia de seguridad la vio llegar con dos cervezas en sus manos. La mujer se acercó a la habitación del señor LeBreton y tocó su puerta. Supuestamente, su esposo abrió y se quedó con ella toda la noche. Por la mañana, era como las 10 a.m. cuando Merecia, una de las empleadas del hotel, fue a la habitación y llamó al señor LeBreton. De acuerdo con Merecia, el Sr. LeBreton dijo que no se sentía bien. “[Él] luce débil y con problemas para caminar.” En la noche, Susana le dijo a su marido que estaba preocupada: “No quiero acostarme y dejar a tu amigo como está.”

 

El Sr. Hamilton le pidió que llamara a un taxi y llevara  a “Doug al hospital, me quedaré con las niñas.” Susana llamó a un taxi y lo  llevó donde le tomaron la presión arterial y le aconsejaron que volviera al día siguiente, debido a que el médico se había ido a casa y no regresaba. A la mañana siguiente, regresaron a la clínica, donde fue examinado. Tuvo que quedarse allí durante par de días. El diagnóstico oficial del médico fue que, “Algo le pusieron en su bebida para enfermarlo.” Esto fue hecho probablemente por la prostituta después de que regresara por segunda vez. Es posible que viniera no sólo para vengarse, sino a robarle; sin embargo, esto no está claro.

El Sr. LeBreton le rogó a Susana que hablara con el médico para que no enviara los resultados de la clínica a Canadá, o al menos que omitiera su hallazgo: “No quiero que mi esposa (Marjory LeBreton) se entere de esto; como senadora, ella trabaja con el Gobierno federal y esto me va a causar problemas.”

 

Sin embargo, el médico dijo que no sería ético retener los resultados; además, tenía que enviarlos para poder cobrar, ya que el seguro de su esposo iba a cubri los gastos. Si su esposo es ingelitenge paga de su bolsillo, pero eso es otra cosa. Usted [Senadora LeBreton] de igual manera se enteró después que, el Sr. Hamilton llamara a la vez para hacerle saber que su marido estaba enfermo. El señor Hamilton trabajó con usted por muchos años; su marido es su amigo; su esposo fue a visitar a su amigo, su amigo. No entiendo el por qué tuvo que involucrar el Ministerio de Asuntos Exteriores de Canadá y a la Policía Nacional dominicana. Es como funcionan las cosas cuando alguien tiene la potestad para abusar de su poder. Su marido fue allí como un ciudadano privado; estaba de vacaciones y fue responsable de sus desafortunadas circunstancias. No sabía que el Ministerio de Asuntos Exteriores se involucraba en asuntos privados cuando la gente viaja de vacaciones fuera del país.

 

Cuando el señor Hamilton regresó a la República Dominicana, después de acompañar a su esposo, alguien del gobierno canadiense y un oficial de la Policía Nacional les pidió a él y a su esposa que vinieran a la estación de policía a responder algunas preguntas. Le preguntaron cómo sucedieron las cosas, pero ni siquiera diez minutos más tarde, los dejaron ir. No hicieron nada malo. No eran culpables de nada; no eran responsables de lo ocurrido a su marido. Su esposo, Sra. LeBreton, estaba de vacaciones y salió el primer día que llegó.

 

En 2003, las hijas gemelas de Susana viajaron a Canadá para visitar a su padre y fue la última vez que las vio. Poco después de viajar para lo que la madre pensaba era una visita corta, o hasta que se reuniera con su esposo, el Sr. Hamilton fue a la corte en Canadá a pelear la custodia de las chiquillas. Esto posible que hasta esto usted le pidiera que hiciera aunque no directamente. La corte canadiense, le envió documentos a Susana, dándole un par de semanas para que viniera a pelear por sus hijas.

Angustiada, sintiéndose traicionada y con el corazón roto, Susana corrió a la embajada de Canadá en Santo Domingo y aplicó por una visa. Se la negaron, porque según la embajada, ella tenía antecedentes penales en Canadá. Esto no es cierto. He investigado y no encontrada nada.

 

Como resultado, le  dieron la custodia al padre de las niñas y como le dije, Susana no las ha visto en casi diez años. A pesar de estar en Canadá en tres ocasiones y salir del país voluntariamente, ha solicitado visa y el Gobierno canadiense siempre la rechaza. Si bien es probable que esta madre no vaya a dejar el país voluntariamente, si entra a Canadá, todo indica que usted Sra. Senadora ha usado sus influencias para separar a esta madre de sus hijas. Susana no ha sido la misma persona desde que le robaron  sus hijas. A pesar de que las circunstancias fueron otras, usted perdió a una hija, así que sabe lo que es perder a un hijo. Susana ha tocado muchas puertas: ha visitado la Iglesia Católica en Santo Domingo en varias ocasiones, donde habló con el cardenal dominicano; les ha contado su historia a los medios de República Dominicana e incluso visitó la oficina de la Primera Dama en ese país, pero todo en vano. ¡Qué tragedia! Asimmismo, contactó el Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia en la capital dominicana.

 

 

¿Qué le dijeron?

 

“Tu caso tiene muy pocas posibilidades de cambiar, debido a la fuerte oposición que tienes para entrar a Canadá, sobre todo ahora que esa señora (Marjorie LeBreton) tiene más poder, ya que fue nombrada líder del Gobierno en el Parlamento. Lo que nadie te puede quitar es el derecho a ver a tus hijas…a estar con ellas. Tienes que hablar con tu esposo y hacerle entender la situación. Si no logra hacerle entender y puede iniciar un proceso con el CONANI (Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia). Este es un procedimiento especial que puede ayudar con el regreso de tus hijas a la República Dominicana. No olvides que el mejor lugar para un niño es estar con sus padres y nada podría compensar tu amor.”

 

Debo admitir que estaba un poco escéptico cuando escuché por primera vez sobre el caso de Susana, y decidí indagar las circunstancias de su triste historia. No fue hasta que me dio  documentos, incluyendo fotografías para respaldar sus alegaciones. Incluso, me dio el número de teléfono directo de la residencia del señor LeBreton, donde llamé tratando de comunicarme con él, con la esperanza de obtener su versión de los hechos. “[Ellos] envenenaron a mi marido en la Republica Dominicana y tuve que recurrir al Departamento de Asuntos Exteriores”, usted dijo cuando me comuniqué y se negó a dejarme hablar con su marido; incluso, amenazó con llamar a la policía si llamaba o intentaba contactarlo, tratando de intimidarme. Lamentablemente para usted, no estamos en la dominicana, donde puede comprar, coaccionar o sujetar a cualquier ciudadano.

 

¿Cómo sabe que su esposo fue envenenado? ¿Quién lo envenenó? ¿Sabe la historia? ¿Sabe acerca de la prostituta? ¿Cómo puede culpar a Susana de lo que le pasó a su esposo, cuando fue allí de vacaciones? Las respuestas a estas interrogantes no le convienen, distinguida Señora Senadora. Esto es abuso de poder. Cuando los turistas visitan la isla, es lo que hacen: disfrutar de sus vacaciones. Susana ni siquiera conocía a la prostituta. ¿Cómo puede culparla de lo ocurrido al señor Lebreton? Si ella es culpable, el Sr. Hamilton es tan culpable; sin embargo, no son culpables de nada. Esta es una navidad más que Susana pasa sin sus hijas. Ha estado llorando la pérdida de sus hijas desde que se le impidió venir a Canadá a luchar por ellas, para pelear por sus derechos.

 

“Si vienes a Canadá, me vas a causar problemas”, le dijo [el Sr. Hamilton] su marido. ¿Problemas a quién, a usted? Lo que usted ha hecho es un abuso de poder, que deja al descubierto las arrogancias de alguien en un gobierno primermundista, que muchas veces pisotean a los desamparados de naciones como la dominina. Los canadienses, no son conocidos por ayudar a separar a los padres de sus hijos. Mientras que sus gritos han caído en oídos sordos, Susana sigue luchando con la esperanza de algún día, volver a ver a sus chiquillas.

 

 

Siempre pagan justos por pecadores

Feliz Navidad

 

Atentamente,

Dalbert Sánchez

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Openletter.cartabierta@gmail.com 

 

 


Creation date: May 21, 2012 5:29 am     Last modified date: Sep 2, 2015 11:07 pm   Last visit date: Apr 15, 2016 9:56 pm     link & embed ?...
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